«Acomodado en una banca comienza a observar su alrededor, se atreve a levantar la mirada que llevaba ya bastante tiempo atada a sus pies y divisa, no muy lejos, una horda de criaturas extrañas dignas de terror. Entes que caminan sin rumbo, que responden al instinto destrozando y comiendo todo a su paso, grandes manadas que se mueven lentamente balbuceando sin ningún orden aparente, automáticos, sin propósito. Se vienen a su mente todo tipo de escenarios ¿debería correr y ponerse a salvo? ¿necesita un plan de sobrevivencia?, el miedo aparece y los nervios se acentúan, el sudor se asoma como símbolo de preparación. Los gruñidos son cada vez más fuertes anunciando la llegada. De pronto, el sonido de un camión provoca que salga del trance, se da cuenta de su realidad. Esas criaturas han estado ahí desde siempre, no como parte de un contexto apocalíptico, sino como la existencia pura y común. Hace una seña con sus manos y la máquina se detiene. Él sube, paga un pasaje y lentamente, como por instinto, busca un lugar vacío. Balbucea algo con el de al lado para pedir permiso, se sienta y en automático se prepara para un día más igual al anterior.»

Alma sin cuerpo o cuerpo sin alma ¿cómo era? por donde quiera que le busquemos hay algo muy cierto, la relación de los humanos con los zombies es muy estrecha y hasta comparable en ciertos puntos que van más allá de una pantalla o una consola. Un zombie es un ente que vuelve a la vida no para aprovecharla, sino para vagar eternamente sin importarle algo en específico mas que comer o servir a alguien más, por su parte el humano está acostumbrado a vivir en repetición y muchas veces actúa de tal forma que es casi imposible distinguir uno del otro.
Algunos afirman que el monstruo de moda es un fiel reflejo de la sociedad contemporánea y su decadencia. Le pasó al Dr. Frankenstein: Su criatura es rechazada por él y los demás sólo por ser diferente, lo que ocasiona que ésta se vuelva “mala” a causa de la sociedad pues sólo buscaba aceptación. También a Drácula, quien explora la supervivencia a costa de los demás y esta lucha constante entre la parte animal y la adquisición de conciencia moral.
En el caso de los zombies tenemos la nula capacidad de pensamiento, lentos en movilidad y reacción, existir sin un fin y sólo se dedicarse a sobrevivir, mismos conceptos que bien se pueden discutir sobre la sociedad actual. El zombie como figura se ha sabido posicionar en la cultura popular hasta ser uno de los recurrentes y consentidos paranormales entre multitudes, pues la afinidad va más allá de comer cerebros o caminar putrefactos en la acera, es todo lo que rodea al zombie lo que nos agrada, ese sentido de supervivencia que exalta al humano y la estrategia de sobrevivir a pesar de nosotros mismos como especie.
Humanos vs Zombies, nosotros contra la apatía de vivir en un mundo sin sentido aparente, una dicotomía que sirve de testigo y de protesta hacia la forma en que vemos nuestro tiempo. El próximo monstruo de época nos mostrará otra faceta y otro sentido, mientras tanto, está en ti y en mí romper con el hechizo, despertar del letargo y cambiar los balbuceos por ideas. Al final de todo siempre encontraremos consuelo y satisfacción en prender la consola, apretar los botones y volar cerebros de algunos no muertos que andan por ahí.
